La
primera revolución
sexual tuvo lugar en los años
1960, activada por la aparición
de la píldora anticonceptiva
(que abrió las puertas
al movimiento de emancipación
femenina) y por la idea de
H. Marcuse, entre otros, de
que la libre expresión
de la sexualidad humana aportaría
consecuencias políticas,
igualitarias y libertarias.
Ha dado en lo que ha dado:
el libre exhibicionismo femenino
ha activado la competición
entre los hombres, que han
pasado a disputar de una forma
más agresiva el acceso
a las mujeres más atrayentes.
Ha activado la competición
entre las mujeres, cada vez
más interesadas en
exhibirse como las más
bellas y codiciadas. Al mismo
tiempo, ha contribuido a introducir
en las clases media y alta
las drogas psicoactivas, antes
solamente utilizadas por marginados.
En un primer momento parecía
que las cosas habrían
de ser diferentes, pues al
final de los años 60
y comienzo de los 70 los hombres
dejaron crecer sus cabellos,
pasaron a llevar bolsos bandolera,
sandalias, etc. Parecía
que se habían vuelto
más dulces, más
cercanos al modelo femenino
tradicional. Las chicas parecían
más disponibles para
el sexo sin compromiso (aunque
tuviesen que recurrir a la
marihuana para sentirse más
libres) y hubo varias tentativas
de vida en comunidad.
Todo esto ha durado muy poco,
de modo que rápidamente
los celos prevalecieron sobre
la libertad sentimental y
sexual, el juego de poder
entre los sexos se hizo regla,
la marihuana fue sustituida
por la cocaína, las
mujeres han sido las que han
pasado a vestirse con corbatas
y otros accesorios masculinos
y los Hippies se convirtieron
en Yuppies. El ansia por el
poder económico y el
éxito profesional se
hizo enorme y la idea era
la de conseguir más
éxito a cualquier precio
– y en seguida. Trabajaban
mucho durante el día
y querían divertirse
locamente durante la noche.
Se servían de la cocaína
para conseguir tal hazaña.
Veníamos
caminando de esta forma hasta
que, de unos pocos años
hacia esta parte, se ha introducido
un nuevo ingrediente: ¡la
influencia creciente de la
industria pornográfica!
No se trata de un fenómeno
nuevo por si. Lo nuevo es
el hecho de que el material
producido por ella está
a disposición durante
24 horas por día en
canales de televisión,
en internet e incluso en numerosas
revistas.
Esto
puede parecer un factor secundario
y sin importancia. Sin embargo,
hace algunos meses yo estaba
en Nueva York y leí
una materia en una revista
local que decía que
los muchachos de 16-18 años
estaban cada vez menos interesados
en las relaciones sexuales
con las chicas con quienes
convivían.
Decían
preferir el sexo virtual,
aquel que se procesa intermediado
por internet. O entonces,
se divertían mucho
asistiendo a películas
pornográficas, de modo
que las preferían a
las relaciones sexuales propiamente
dichas.
Consideraban
a las chicas de la vida real
muy poco interesantes cuando
comparadas con las “actrices”
de las películas pornográficas
o las chicas que “hacen
sexo” virtual en internet
(de pago o no). Preferían
el comportamiento mucho más
extravagante y golfo de las
mujeres que aparecían
en las películas. Parece
que no les preocupaba mucho
el hecho de que probablemente
se trataba de un placer falso,
un fingimiento.
El
caso es que muchos jóvenes,
allá en los EUA y también
aquí, se mantienen
vírgenes hasta que
surja un envolvimiento amoroso
de mayor significado, condición
en la cual se inician. Hoy
día existen más
chicos de 18 años vírgenes
que muchachas. Las prostitutas
continúan siendo visitadas
por hombres de más
edad y turistas. Los jóvenes
no se interesan mucho por
ellas, a menos que sepan fingir
de la misma forma que las
mujeres del mundo virtual,
que se han convertido en el
patrón de referencia
para ellos.
Las
chicas, mucho menos asediadas
que antes, han pasado a tener
que tomar iniciativas, cosa
que nunca había sido
su papel, justamente porque
ellas despiertan el fuerte
deseo visual masculino. Así,
niños que son fuertemente
influenciados por la visión
están saciándose
en el mundo virtual y las
chicas que son menos visuales
están buscando contacto
real. Ellas, que no tienen
el deseo visual, tienen que
tornarse más activas,
porque ellos están
satisfechos con su “vida
sexual”.
Es
extremadamente importante
registrar la relevancia de
estos cambios, pues se trata
de una ventaja femenina que
está siendo transferida
para los hombres: ellas siempre
han sido el objeto del deseo
y ellos siempre han tenido
que tomar las iniciativas
y correr con los riesgos del
rechazo. Ahora, por primera
vez en la historia, ellos
pueden permanecer arrimados
en el bar de la discoteca,
con un vaso de bebida en la
mano, esperando a ser abordados.
En una historia de victorias
femeninas, esta parece ser
la primera vez que los hombres
han conseguido revertir el
resultado. ¡Y ello gracias
a la industria pornográfica!
Sí, porque ésta
divierte mucho a los hombres
que, después de masturbarse,
sienten saciedad y sueño.
A
las chicas no les ha quedado
más recurso que el
de imitar a las mujeres que
aparecen en las películas
pornográficas. Se visten
de una forma cada vez más
extravagante y provocativa,
estrechando la distancia que
siempre había existido
entre las mujeres más
vulgares y las de “buena
familia”. Cuando llega
la hora de la intimidad física
¿qué es lo que
hacen? Imitan a las actrices
de las películas pornográficas.
Imitan a la imitación.
Fingen orgasmos que no sienten,
demuestran apreciar prácticas
que les molestan, muestran
una exhuberancia falsa. Si
no actúan de esta forma,
serán despreciadas,
ya que los chicos las comparan
con aquellas que ven en las
películas.
El
hecho dramático y triste
es que la vida sexual de los
jóvenes está
siendo orientada por lo que
aparece en las películas
pornográficas. Ellos
son los que se transforman
en los verdaderos “maestros”
del arte erótico. O
las chicas se comportan como
las mujeres que inspiran los
sueños masculinos o
serán despreciadas
y tratadas como “paletas”
o poco atrayentes.
Este
es el punto en que nos encontramos,
algo para mí totalmente
inesperado. Claro que no todos
los chicos y chicas se han
adherido a este patrón
de comportamiento. Pero los
vientos soplan en esa dirección,
al menos en los días
que corren. Nos cabe a nosotros,
los padres responsables, intentar
acompañar la marcha
del carruaje y, si posible,
intentar interferir de forma
constructiva en el proceso
a que estamos sometidos.