Sus
principales pensamientos
originales
Mi producción original
se inició en 1975,
después de cerca
de diez años de trabajo
como terapeuta, manejando
inicialmente cuestiones
relativas a las dificultades
sexuales y después
con temas relativos a la
vida conyugal. En la práctica
clínica siempre atendí
todo tipo de paciente, de
modo que construí
una sólida experiencia
en relación a la
práctica psiquiátrica.
Nunca dejé de usar
psicofármacos, de
manera que lo que ahora
se pregona lo vengo haciendo
desde 1967.
Como
siempre tuve un espíritu
algo rebelde, y siempre
me resistí a integrarme
en grupos que defendían
este o aquél punto
de vista, no formé
parte de las sociedades
psicoanalíticias
ni me alié con los
organicistas. Trabajé
por cuenta propia, lo que
fue fuertemente facilitado
por el enorme éxito
que obtuve en la clínica
particular desde los primeros
meses de trabajo. Atribuyo
esta situación mucho
más a mis dones innatos
–relacionados con
mi capacidad de ayudar y
de ser una persona confiable-
más que a los conocimientos
que tenía. Me sentí
afirmado por esos buenos
resultados y, a pesar de
no estar tan bien preparado,
actúe con prudencia,
lo que impidió que
cometiera graves errores.
Poco
a poco fui formando mis
propias ideas, tanto en
el campo de la sexología
que estaba naciendo, como
en las cuestiones relacionadas
con la pasión y las
dificultades conyugales
que se hacían cada
vez más frecuentes
y explícitas. La
compleja y avasalladora
evolución de las
costumbres a partir de la
segunda mitad de los años
60 se presentó delante
de mis ojos, pude ver lo
que sucedía de una
manera peculiar, única.
Es evidente que mi vida
personal también
se transformó, puesto
que en psicología
somos quienes observamos
al mismo tiempo que somos
nuestros propios clientes.
El
hecho de haber encontrado
felices soluciones a mis
problemas me ayudó
mucho. Acompañé
algunas historias exitosas
en nuevas relaciones afectivas,
junto a innumerables desastres
ocasionados por distintos
motivos. Mis libros de 1976
a 1982 son muy ricos en
ideas nuevas, todas ellas
descriptas de una forma
desordenada y apresurada,
como quien no quiere perder
la originalidad. Tenía
miedo de que otros autores
pudiesen producir pensamientos
similares. Hoy sé
que eso no era posible que
sucediese, de modo que mi
prisa era infundada. Independientemente
a ese factor, en mi mente
surgían nuevas ideas;
algunas me provocaban mucho
miedo y tal vez en otras
personas.
Entre
1983 y 1990 viví
una fase intermedia, con
una producción intelectual
irregular y variada, manejando
temas tangenciales, tales
como la obesidad, dependencia
psicológica a las
drogas – en especial
el cigarrillo, además
de ir completando alguna
de mis primeras ideas. En
especial, publico un libro
enteramente dedicado a la
vanidad, relevante –
según lo que pienso
– pero que no agota
ese tema tan fundamental.
Surge el primer texto más
maduro, el que trata de
la psicología masculina.
Entre
1991 y 2001 re escribo y
complemento, ahora de forma
madura mis textos anteriores.
Trato los mismos temas;
libertad, amor, sexualidad,
valores morales, madurez
emocional , soledad, etc.
Las grandes preguntas de
la psicología normal
fueron las que siempre me
intrigaron. Mis observaciones
no vienen de la psicopatología,
como ocurrió con
el psicoanálisis.
Mis pacientes, como regla
común, fueron y son
personas normales viviendo
problemas existenciales
cotidianos.
Pienso
que después de pasar
por caminos tortuosos en
los cuales muchas veces
me vi desesperanzado, acabé
siendo capaz de sugerir
soluciones bastante interesantes
para importantes cuestiones
de nuestra existencia. Ellas
pasan por algunas premisas
básicas que relataré
a continuación, no
siempre respetando el orden
en que fueron elaboradas.
Intentaré describirlas
de la forma más sistemática
y útil posible. Se
trata de un resumen muy
ajustado, síntesis
de veinte libros y 35 años
de trabajo constante.
1. Todo comenzó
cuando me fui dando cuenta
que sexo y amor no son parte
del mismo impulso instintivo.
Al contrario, en la mayoría
de las veces están
en oposición.
Este punto de vista, defendido
a partir de 1977, era una
ofensa contra la postura
psicoanalítica que
dominaba el pensamiento
oficial. Defendían
– y defienden –
la idea de que el amor y
el sexo hacen parte de nuestra
constitución libidinal,
parte del instinto de vida.
Reconocí en el amor
un impulso regresivo –
no instintivo – relacionado
con el deseo de retornar
a la paz y armonía
uterinas. Una especie de
herida traumática
relacionada con el nacimiento.
Desde ese punto de vista,
el amor substituye al instinto
de Muerte de Freud: en vez
de que busquemos la paz
en la muerte, lo que es
apenas una suposición,
buscamos reencontrar la
paz perdida, el paraíso
perdido. El amor es el sentimiento
que tenemos por aquella
persona cuya presencia nos
provoca la sensación
de paz y armonía
necesarias para atenuar
nuestro desamparo crónico.
Es evidente que el primer
objeto de nuestro amor es
nuestra madre. Ella es remplazada
varias veces a lo largo
de nuestra vida. Pocos son
los que prescinden de algún
tipo de aura amorosa y consiguen
manejar la sensación
de desamparo de una forma
serena y que no requiera
de pareja. El amor es, pues,
un fenómeno interpersonal,
de modo que no reconozco
la existencia del amor por
sí mismo. El concepto
de narcisismo, en mis libros,
es abandonado. Reconozco
que existe algo que sentimos
por nosotros mismos, pero
lo considero de naturaleza
puramente sexual.
2. Desde el inicio,
el amor está en oposición
al proceso de constitución
de la individualidad: es
como si el niño no
quisiese volverse independiente,
prefiriendo el regazo de
la madre. Ella tiene que
ser estimulada para construir
su independencia, que es
favorecida por el desarrollo
de la razón, a través
del lenguaje, y también
por el surgimiento de las
manifestaciones sexuales
auto eróticas- todo
eso a partir del segundo
año de vida.
Una vez configurada una
individualidad básica,
ella se coloca en franca
oposición al ansia
amorosa. El miedo de perder
la individualidad, el miedo
del sufrimiento en caso
de ruptura y el miedo de
la felicidad definen, íntimamente,
un importante factor anti-amor.
Así, queremos un
buen desarrollo amoroso
y a él nos oponemos
porque nos sentimos amenazados
por la fusión. Una
solución usual consiste
en el embrujo amoroso por
una persona bastante diferente:
el embrujo aproxima, al
paso que las diferencias
irritan y alejan.
3. El miedo de la
felicidad gana importancia
como factor anti-amor y
también en la vida
como un todo: vivenciamos
el paraíso y después
la ruptura derivada del
nacimiento. Parece que siempre
que nos aproximamos de una
condición de armonía
experimentamos el pánico
hacia la posibilidad de
que una nueva desgracia
irá a ocurrir. El
miedo de la felicidad es
responsable por nuestras
tendencias auto destructivas.
Está relacionado
con el fenómeno amoroso,
así como en Freud
está relacionado
con el instinto de muerte.
La felicidad nos asusta
también en otras
áreas y se constituye
en un importante obstáculo
interno para la realización
de todos nuestros proyectos.
Es nuestro peor enemigo
y se encuentra dentro de
nosotros.
4. En estudio de
las elecciones amorosas,
me deparé con el
hecho de que la gran mayoría
de las parejas es diferente
en cuanto a su desarrollo
emocional: un miembro es
más intolerante a
frustraciones y contrariedades
y puede ser definido como
egoísta; el otro
es tolerante en demasía
y acostumbra ser llamado
como generoso.
Ese tipo de alianza es descrito
por E. Fromm: se establece
entre el sádico –
egoísta – y
el masoquista- generoso.
Aparentemente es el sádico
quien manda, grita y humilla.
En realidad el poder está
en el masoquista, o sea,
en el generoso, el que da
más de lo que recibe
y que puede parar de dar
en cualquier instante. La
gran mayoría de estas
uniones termina por iniciativa
del generoso – a pesar
de las constantes amenazas
del egoísta.
El tema del desarrollo
emocional y moral llegó
a mí por ese camino.
Se hizo muy importante y
desarrollé una firme
postura crítica en
relación a la generosidad:
el egoísmo sólo
desaparecerá cuando
desaparezca la generosidad.
Ella pasó a ser vista
como una forma menor de
inmadurez emocional, donde
la dependencia y el miedo
al rechazo predominan sobre
la razón. Aún
así, se trata de
una inmadurez. En la generosidad
la culpa es indebida y opresiva.
Un paso adelante en la madurez
emocional y moral define
la forma de ser de la persona
justa: aquella que se trata
a sí misma y a los
otros según un único
patrón moral.
5.
El justo es esencialmente
maduro y bien constituido
en su individualidad. Puede
quedarse tranquilamente
solo.
Si opta por una relación
amorosa, no actuará
bien ni con la inmadurez
y dependencia práctica
del egoísta –
que suele ser llamado como
narcisista, lo que siempre
aumentó la confusión
respecto al uso de ese término
– y ni con la condescendencia
que deriva de la dependencia
emocional del generoso.
No tendrá
miedo de la fusión
romántica porque
el individualismo predomina
sobre el amor. Acabará
por establecer un nuevo
tipo de alianza amorosa,
más parecida con
la amistad – menos
posesiva y nada dominadora
– que he llamado +amor,
o sea más que el
amor. Se trata de la proposición
de un nuevo tipo de romance
adaptable a los nuevos tiempos,
equitativos.
6. Todo indica que hoy en
día, la buena calidad
de vida implica un desarrollo
emocional – y concomitantemente
evolución moral.
Mucho más de lo que
nos era exigido hace algunas
pocas décadas atrás.
La vida comunitaria, que
aún traía
muchos restos de los clanes
familiares, nos llevaba
a tener una falsa impresión
de independencia: de hecho
nos hacíamos independientes
de nuestros padres para
volvernos dependientes de
nuestros nuevos compañeros
amorosos. Aún aquellas
personas que conseguían
un buen desarrollo intelectual
acababan perdiéndose
en las dependencias emocionales
y también en engaños
graves de evaluación
moral. De esta manera, el
individualismo – ejercicio
de nuestra individualidad
– es parte de ese
importante desarrollo emocional,
y no debería continuar
siendo tratado como algo
con connotación moral
negativa. Individualismo
no es egoísmo –
¡el egoísta,
dependiente para cosas prácticas,
es todo menos individualista!
Individualismo es pleno
desarrollo emocional, apertura
para toda una gama de posibilidades
de existencia que hace con
que el ser humano pueda
efectivamente volverse un
ser libre. Esa es, pues
la faz positiva de la contemporaneidad,
de la cultura de masas que
tiende a hacernos homogéneos
hasta inclusive en nuestros
gustos y sueños.
La cultura de masas depende
de avances tecnológicos
que, bien utilizados, nos
hacen más competentes
para estar mejor con nosotros,
menos dependientes de las
otras persona. Vivimos sobre
el filo de la navaja: por
un lado, la opresión
de una sociedad homogenizante;
por el otro, una extraordinaria
posibilidad de libertad
para aquellos que se ocupen
de desarrollarse emocionalmente
y no tan sólo de
dedicarse a las superficialidades
estéticas que la
época estimula.|1|
7. El instinto sexual
se manifiesta, de modo claro,
al final del primer año
de vida, en el momento en
que el niño comienza
a darse cuenta como aislado
de la madre (nacimiento
psicológico). La
estimulación de las
llamadas zonas erógenas
determina la agradable sensación
de desequilibrio homeostático
– tal vez el único
sentido como agradable.
El fenómeno es auto
erótico, ya que la
estimulación es hecha
por el propio niño.
Así, el sexo es,
al menos al inicio –
y pienso que a lo largo
de toda la vida -, un fenómeno
personal. En eso ese instinto
se distingue definitivamente
del amor, que desde el inicio,
depende de un objeto externo.
La separación entre
sexualidad y amor destruye
el concepto de narcisismo.
Lo que sentimos en nosotros
– y eventualmente
por nosotros – es
la excitación sexual
y no el amor. No debemos
confundir auto estima con
amor por uno mismo. La Autoestima
es un juicio y no un sentimiento.
8. Nuestro instinto
sexual posee otro ingrediente,
que se llama VANIDAD, concepto
que el psicoanálisis
también lo incluyó
en la idea de narcisismo,
generando mayor confusión.
Se trata de una sensación
de excitación que
deriva de percibirnos como
el centro de las atenciones,
atrayendo miradas de admiración
o deseo. Esa manifestación
depende de la interferencia
de la razón, ya que
tenemos que reconocer que
estamos despertando sentimientos
positivos y no tan sólo
estamos siendo mirados.
Sus manifestaciones iniciales
se dan entre los 5-6 años
de edad. La vanidad gana
fuerza y se transforma en
la pieza fundamental de
la vida de casi todos nosotros
a partir de la pubertad.
Esa manifestación
de nuestra sexualidad es
muy compleja, puesto que
se manifiesta más
allá del cuerpo.
La vanidad intelectual-
el deseo de destacarse por
esa área –
puede ser extremamente nociva
al conocimiento.
9. Siendo la vanidad
un fenómeno personal,
refuerza la precaria tendencia
inicial en la dirección
de la individualidad. Por
lo tanto, por fuerza de
su característica
ligada a lo que es superficial,
puede determinar un individualismos
sólo de apariencias
y comprometido con el egoísmo.
Ese riesgo, común
en las personas inmaduras
y que fueron llamadas narcisistas
por Freud, puede ser responsable
por confusiones y dificultades
que tenemos para comprender
como piensan y actúan
ciertas personas extrovertidas,
alegres y, al mismo tiempo,
muy intolerantes a contrariedades
y mal formadas moralmente.
La vanidad a pesar de provocar
placer auto erótico,
nos hace profundamente dependientes
de la aprobación
externa del mayor número
posible de personas- y que
serán aquellas que
nos verán con admiración
o deseo. Se trata de un
proceso personal de satisfacción
pero que nos hace frágiles
en relación a los
patrones impuestos por la
sociedad en la que vivimos.
10. Uno de los puntos
más marcados de mis
libros está relacionado
con el registro de diferencias
biológicas –
y no culturales- entre los
sexos. Reconozco un deseo
activo y visual en los hombres,
mientras que la mujer se
excita al saberse deseada
(no posee, pues, el deseo
visual).
Esa diferencia beneficia
mucho a la mujer, pues su
vanidad se alimenta del
deseo que despierta y de
las miradas que atrae. Se
trata de una buena sorpresa
que ellas tienen durante
los años de la pubertad.
La otra diferencia se refiere
a la ausencia de la fase
refractaria después
del orgasmo en las mujeres.
Aquí la ventaja es
masculina, ya que el hombre
experimenta la sensación
de saciedad y relajamiento
después del coito.
Muchas mujeres se sienten
frustradas por no experimentar
igual relajamiento y le
atribuyen a eso problemas
personales o a fallas de
su pareja. La verdad es
que la masturbación,
por ejemplo, es practicada
con mucha mayor regularidad
por los hombres que por
las mujeres porque a ellas
les sobra una excitación
residual que puede ser perturbadora.
Las que no se aburren –
y hasta gustan- de esa excitación
residual acaban siendo las
que mejor viven su sexualidad.
11. Los hombres
registran el hecho de no
ser deseados del mismo modo
que desean como enorme frustración.
Se sienten subestimados
y muchos desarrollan una
grave hostilidad en relación
a las mujeres. La envidia
masculina, anterior y más
importante que la femenina,
es la responsable por el
machismo.
Los hombres alejaron a las
mujeres de las posiciones
claves en las áreas
públicas de actividad
para allí reinar
y de allí extraer
una superioridad financiera
y de posición social.
Esa condición privilegiada
siempre fue usada para neutralizar
la superioridad sexual femenina.
Los cambios que han ocurrido
en los últimos 40
años vienen alterando
ese equilibrio entre el
poder económico masculino
y el poder sensual femenino.
12. Muchas mujeres,
al ser excluidas de los
espacios de destaque en
las actividades sociales,
también desarrollan
hostilidad envidiosa en
relación a los hombres.
Como nuestras sociedades
tienen una tendencia a privilegiar
la condición masculina
desde la infancia, ya que
a ellos les está
reservado el surgimiento
social, muchas muchachas
reconocen en la ausencia
del pene el origen de su
destino inferior. La envidia
del pene es el término
que describe la envidia
femenina, que considero
secundaria a la masculina
una vez que es la postura
resentida de los hombres
que genera las diferenciaciones
sociales entre los sexos
e intenta excluir a las
mujeres de las mejores posiciones.
La envidia del pene no es
universal, puede estar presente
en cerca del 50% de las
mujeres. La envidia masculina
es casi universal.
13. La inferioridad
sexual masculina siempre
fue negada por los hombres.
Así se construye
un modelo social en el cual
niños y niñas
son educados de manera diferente,
de tal manera que se exige
más y se da más
privilegio a los niños.
El patrón viril es
el de guerrero y fuerte.
El femenino es dócil,
casero y ligado a la reproducción.
Niños y niñas
pueden rebelarse contra
el patrón que les
es impuesto apenas por el
hecho de ser de uno u otro
sexo. Eso, junto con los
otros ingredientes, puede
influenciar dramáticamente
la vida sexual adulto, predisponiendo
para la ruta homosexual,
tratada como un desvío
fácil, común,
gratificante pero no natural
y mucho menos innato.
14. Niños
y niñas crecem en
campos antagónicos
y, en la pubertad, la tensión
entre lo sexos empeora a
partir del surgimiento del
deseo sexual masculino.
Muchachas resentidas con
el tratamiento humillante
que recibieron durante la
infancia podrán usar
el poder sensual recién
adquirido para humillar
intensa y deliberadamente
a los muchachos, que usarán
todos los recursos para
seducirlas y después
rechazarlas.
Se creó un contexto
terrible, de guerra obvia
entre los sexos, en el cual
la sexualidad está
totalmente acoplada a manifestaciones
de hostilidad agresiva y
a juegos de poder. No existe
ni un solo indicio de que,
como regla, la sexualidad
pueda ser entendida como
manifestación amorosa.
El sexo y la agresividad
constituyen una alianza
de difícil rompimiento
determinando inclusive tendencia
a la inexistencia del deseo
cuando existe un clima de
ternura y compañerismo.
Es lo que sucede entre amigos
de sexo diferente o aún
en parejas apasionadas,
donde la inhibición
sexual es la regla.
15. La situación
es igual en la homosexualidad
masculina: chicos
más delicados crecen
con rabia hacia sus padres
y/o compañeros que
pueden, con los juegos usuales,
haberlos humillado. ¡Desarrollan
un deseo exactamente por
quienes les despiertan odio!
Los homosexuales no tienen
nada contra las mujeres
y tal vez sea esa una de
las razones de ausencia
de deseo. Son amigos de
las mujeres y no las desean.
Odian a los hombres y los
desean. La situación
heterosexual masculina no
es diferente: los machos
desean sexualmente a las
mujeres, pero las odian.
Se divierte aún con
los otros hombres, de los
cuales son amigos, confidentes
y con los cuales se sientan
en los bares para hablar
mal y descalificar a las
mujeres de las que andan
detrás todo el tiempo.
Las mujeres más femeninas
y sensuales, como regla,
son las que más odio
tienen de los hombres. Ellas
usan todo el poder sensual
para humillarlos, para provocarlos.
Si logran tener intimidad
sexual con ellos, no se
entregan de verdad y muchas
veces son anaorgásmicas.
Esas mujeres son las que
se dan mejor con los homosexuales,
puesto que, aún con
otras mujeres, tienen relaciones
de rivalidad: compiten con
las mujeres y se dedican
a agredir y humillar a los
hombres. De esa manera,
no existe un clima para
que la mayoría de
las mujeres pueda vivir
una sexualidad libre y vuelta
hacia el placer y no hacia
el poder. Eso de por sí
sería complicado
por causa de la inexistencia
del período refractario
que, por decirlo de alguna
manera, substrae el sentido
de la práctica sexual
“apenas” por
el placer – no siempre
la excitación residual
es sentida como placentera.
16. Estando la sexualidad
fuertemente acoplada al
juego de poder y a una guerra
sangrienta entre hombres
y mujeres, es fácil
comprender que ese instinto
refuerza dramáticamente
las ya fuertes tendencias
que tenemos de escoger mal
a nuestra pareja sentimental:
especialmente durante la
juventud, escogemos a alguien
por quien sentimos un fuerte
deseo, puesto que nos enseñaron
a tomar eso como indicio
de embrujo amoroso. Rechazamos
personas adecuadas porque
por ellos no sentimos deseo-
puesto que no sentimos rabia
y sí ternura. Acabamos
casándonos con alguien
con quien vamos a pelear
por el resto de nuestra
vida, las llamadas peleas
“normales” de
las parejas. Escogemos a
nuestros amigos según
criterios de afinidad y
cariño, mientras
que nos encantamos sentimentalmente
por personas que nos irritan
y por quienes sentimos rabia
y deseo. El resultado no
podría ser otro sino
una vida en común
desastrosa. ¡No podemos
dejar de recordar con nostalgia
los “buenos tiempos”
en que los padres que se
encargaban de escoger a
los cónyuges para
sus hijos!
17. Durante muchos
años no vi salida
para ese dilema, para la
inevitable tensión
entre los sexos, para la
perpetuación del
juego de poder entre ellos.
No veía solución
tampoco para las cuestiones
sociales, puesto que estoy
convencido de que el desarme
psicológico, emocional
y sexual, es pre condición
para que las personas tengan
una postura social menos
destructiva de aquellos
menos favorecidos por el
destino –
en todos los sentidos, desde
la clase social en que nacen
hasta sus peculiaridades
genéticas. A pesar
de reconocer autonomía
en el fenómeno sociológico
y político, los hechos
nos han mostrado cuánto
el poder determina el surgimiento
de conductas nefastas hasta
aún en los más
delicados revolucionarios.
Sin el desarme psicológico
de los hombres y de las
mujeres el planeta camina
hacia la destrucción
de una forma que parece
casi inevitable. El avance
en la cualidad de las relaciones
amorosas entre los sexos
ya era un aliento, pero
me parecía fundamental
desarmar la bomba de la
sexualidad. Eso parecía
imposible, puesto que siempre
consideré los fundamentos
en que las diferencias se
organizan como biológicas,
y por eso mismo, irreversibles.
18. Hace unos diez
años a la fecha,
surge un hecho nuevo, y
que derivó de actos
espontáneos ejercidos
por adolescentes y pre adolescentes:
EL FICAR |2|.
Los cambios de caricias
practicadas de forma ingenua,
probablemente determinada
por imitación del
comportamiento de los adultos,
se viene extendiendo a lo
largo de los años
de la pubertad. Ellas no
envuelven compromiso y el
juego de poder es mínimo.
Los chicos tienen, por primera
vez en la historia, la oportunidad
de aproximarse físicamente
de chicas de la misma edad
y la misma condición
social. En el pasado, las
chicas de 13-14 años
sólo se interesaban
por chicos mayores. Usaban
desde temprano el poder
sensual para llegar a un
compromiso- con alguien
que valiese la pena. Eso
siempre estimuló
mucho la competencia entre
varones y su ambición.
Esa competencia acabaría
inevitablemente empeorando
las desigualdades sociales
y económicas, de
tal modo que los más
exitosos tendrían
acceso a las más
bellas. De repente, los
chicos, no se sienten tan
rechazados y se vuelven
más tranquilos, tal
vez inclusive demasiado
cómodos. Las chicas,
que ahora no pueden más
contar con las facilidades
derivadas del poder sensual,
tratan de empeñarse
más en el crecimiento
personal y profesional.
Se hace posible imaginar
un mundo tomando nuevas
facetas, esta vez más
homogenizantes en las relaciones
entre sexos y también
menos competitivo y virulento.
Es obvio que el proceso
es aún incipiente
y que toda presión
social a favor de la belleza,
perfección física
y éxito a cualquier
costo parece ir en contra
de esa tendencia que nace
lentamente a partir de lo
cotidiano de nuestra mejor
juventud. Lo que quedó
claro para mí, es
que había subestimado
el alma humana y sus poderes.
Había sin percibir,
privilegiado la biología.
El hecho es que los seres
humanos pueden sentir deseo
visual y no sentirse obligados
a ir tras de las mujeres.
Lo contrario también
es verdadero: ellas pueden
no tener el deseo sexual
y pueden aún así
aproximarse de ellos. El
deseo visual no es una orden,
un mandamiento. Es apenas
una peculiaridad innata
que puede o no ser acatada.
19. Si finalmente
varones y mujeres se volvieran
amigos, si pudieran establecer
relaciones a partir de la
ternura y el compañerismo
– el + amor que cité
antes -, si la
individualidad se construyese
de manera adecuada y viniese
acompañada de una
contraparte moral, si la
sexualidad se volviese independiente
de la agresividad, y pudiera,
de hecho y por la primera
vez, acoplarse a sentimientos
positivos entre las personas,
entonces podremos volver
a soñar con un nuevo
orden político y
social. Sin esa evolución
psicológica, nada
es posible |3|.
|1|
OBSERVACIÓN:
Después de todo lo
hecho, parece muy simple
y fácil. En realidad
fueron décadas de
tensión y no fueron
pocos los atolladeros: como
resolver, por ejemplo, la
cuestión de la tendencia
muy fuerte para la fusión
romántica. ¿Al
renunciar a eso no estaríamos
perdiendo algo de emocionante
y rico? ¿Cómo
ir contra una forma de sentir
consagrada hace casi doscientos
años? El individualismo
es siempre un avance emocional?
Fueron momentos difíciles,
muchas veces involucrando
la vida personal. Fue exactamente
en ese sector que pude avanzar
más: se trata, claro,
de avances que dependieron
de un trabajo realizado
a cuatro manos. La idea
de un nuevo tipo de romance
ya aparece como atractivo
para la mayoría de
las personas pero ellas
aún ven eso como
una hipótesis teórica,
lejos de ser factible. A
lo largo de todos esos años,
la cuestión sexual
se presentaba como aún
más difícil
de ser ecuacionada; las
posibilidades de una vida
sexual gratificante en un
contexto amoroso sólo
puede quedar más
clara en los últimos
pocos años.
|2|
En
portugués FICAR=
quedar. En Bolivia podemos
pensar en el término
PRENDERSE, utilizado por
los adolescentes.
|3|
OBSERVACIÓN:
Cabe nuevamente la excepción
de que todo eso que parece
fácil desde el punto
de vista intelectual aún
no es siquiera una hipótesis
en la mente de la mayoría
de las personas, contaminadas
con una cultura de masa
que presiona exactamente
en el sentido de la competición,
de la felicidad aristocrática,
aquella que sólo
podrá ser alcanzada
por un pequeño número
de personas y que despertará
la hostilidad envidiosa
de la mayoría. Mis
reflexiones abren el camino
para la felicidad democrática,
aquella basada en el bienestar
de todos; o por lo menos,
en un bien estar que no
es excluyente. O sea, la
felicidad amorosa y sexual,
de una persona no impide
lo mismo para todas las
otras. Lo mismo vale para
la madurez emocional, la
evolución moral y
para los placeres relativos
al conocimiento y a los
cambios intelectuales entre
amigos. Nada de eso me parece
utopía, sueño
imposible de ser realizado,
y se somos capaces de impedir
la destrucción del
planeta, es allá
hacia donde dirigiremos
nuestro caminar.