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Amor
implica depender, estar en manos
de la otra persona. Por eso, amar
a alguien que no nos inspira confianza
es ser irresponsable para consigo
mismo.
Pocas
son las parejas que viven en concordia,
en una relación que cree
condiciones para que ambos crezcan
emocional e intelectualmente.
No obstante, porque existen algunas
parejas que viven en armonía,
debemos empeñarnos para
formar parte también de
esa minoría privilegiada.
Hoy quiero dedicarme a un aspecto
esencial de las buenas relaciones
amorosas, que es el desarrollo
de la confianza recíproca.
Amar implica depender, estar en
manos de otra persona. Ésta
tiene, más que nadie, el
poder de hacernos sufrir. Le basta
querer hacernos daño y
lo conseguirá, con una
simple palabra o gesto. Si quisiere
hacernos sentir inseguridad, no
tendrá problema alguno.
Se hace más que evidente
que, cuando una persona ama a
alguien que no se empeña
en despertar la sensación
de confianza y de lealtad, llegará
a padecer mucho. Se sentirá
permanentemente amenazada, tendrá
celos de todo y de todos. Amar
a alguien que no nos transmite
confianza es, pues, una irresponsabilidad
para consigo mismo. Es una osadía,
una ingenuidad y una gran demostración
de inmadurez emocional - o signo
de que se siente satisfacción
con el sufrimiento.
En
general las personas se colocan
en esa condición en virtud
de haberse encantado con alguien
que, de hecho, no da muestras
de ser digno de confianza. Aceptan
esa actitud egoísta del
amado imaginando que sea una fase,
un período doloroso que
llegará a pasar con el
tiempo. Hacen todo para demostrar
su amor, para cautivar al otro
y esperan que esto haga que finalmente
él se rinda, y se entregue
de cuerpo y alma también
a la relación afectiva.
Se acaba por componer una especie
de desafío, en que aquél
que no es de confiar nota que
recibe más atenciones y
cariño exactamente por
actuar de esa forma. Con esto
se perpetúa la situación
y me parece tontería considerar
que el futuro será distinto
del presente. A fin de cuentas,
aquel que no se entrega al amor,
acaba por ser altamente recompensado
por ello y no tendrá tendencia
alguna a alterar su actitud.
Cuando
la "magia" del encantamiento amoroso
no viene acompañada de
la "magia" de la confianza, la
persona está puesta en
una situación muy difícil,
en la cual el sufrimiento y la
inseguridad serán las emociones
más constantes. Y esa "magia"
de la confianza ¿de dónde
viene? De varios factores, siendo
que el primero de ellos depende
del comportamiento de la persona
amada. No nos es posible confiar
en una persona que miente, a menos
que queramos ser ilusos e intentemos
encontrar disculpas para no perder
el encantamiento por ella. No
nos es posible confiar en personas
cuyo comportamiento no está
de acuerdo con sus palabras y
con sus afirmaciones. Es más,
cuando el discurso no combina
con las actitudes, pienso que
debemos tomar a estas últimas
como expresión de la verdadera
naturaleza de la persona. No es
posible que confiemos en personas
que cambian de opinión
con la misma velocidad con que
nos cambiamos de ropa. Es evidente
que todos nosotros, a lo largo
de los años, actualizamos
nuestros puntos de vista. Sin
embargo, creer en ciertos conceptos
en un día - ante ciertas
personas - y defender conceptos
opuestos al otro día -
ante otras personas - significa
que no se tiene opinión
firme acerca de nada y que se
quiere tan sólo quedar
bien con todo el mundo. Amar a
una persona así es, desde
el punto de vista de la auto-preservación,
una temeridad.
La
capacidad de confiar depende también
de cómo funciona el mundo
interior de aquel que ama y no
apenas de la forma de ser y de
actuar del amado. No son raras
las personas que no consiguen
desarrollar la sensación
de confianza en virtud de una
auto-estima muy baja. Desconfían
de la capacidad que tienen de
despertar y conservar el amor
de la otra persona: se sienten
inseguras, les parece que en cualquier
momento pueden ser sustituidas
por criaturas más atrayentes
y ricas en encantos. Y, lo que
es más grave, se sienten
así incluso cuando reciben
señales constantes, coherentes
y persistentes de lealtad por
parte de la persona amada. En
estos casos, no hay nada que ésta
pueda hacer para atenuar el malestar
de aquéllas, cuya única
salida es una seria inmersión
interior en busca de rescatar
la auto-estima y la auto-confianza
perdidas en algún lugar
del pasado.
Finalmente,
para que una persona desarrolle
la capacidad de confiar es necesario
que ella misma sea una criatura
digna de confianza. Solemos evaluar
a las otras personas tomando como
base nuestra propia manera de
ser. Si nos sabemos mentirosos,
capaces de deslealtad y de falta
de respeto a los demás
¿cómo tener la seguridad
de que las otras personas no harán
lo mismo con nosotros? Sólo
aquel que tiene firmeza interior,
que tiene confianza en sí
mismo en el sentido de respetar
las reglas de conducta en las
que cree, puede imaginar que existan
personas en condiciones de actuar
de la misma forma. Si la felicidad
sentimental depende del establecimiento
de la confianza recíproca,
ella será, pues, un privilegio
de las personas íntegras
y de carácter.
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